Definitivamente ayer fue a ver la endocrina, a la que investigué un poco antes como es habitual en mi y no me gustó descubrir que era fan y promotora de los balones gástricos. Igualmente, no quise juzgar prematuramente y me presenté allí feliz cual perdiz.

La mujer, muy agradable, quedó divertidamente sorprendida al explicarle que fui capaz de engordar 50 kilos en tres años y me ofreció su ayuda para quitarme la piel de foca. La sesión, un parpadeo no dio para más que hacerme un volante para unos analisis de sangre completos que sean capaces de revelar si soy gordo por obligación o por devoción.

Esta misma mañana me han sorvido la sangre y espero tener lista mi hoja de asterisco en menos de una semana, para así poder enseñarsela (la hoja) a la señora y que comencemos con el ilusionante proyecto.

De nada sirvió ayer mi despedida del mundo gastronómico con un buffet libre japonés con sushi y teppanyaki por doquier, pues de momento no tengo ninguna pauta que seguir. Eso si, me he comprado una plancha de cocinar para hacer las comiditas sin grasa añadida. Que para grasa ya llega con la que tengo.