Siguiendo el consejo de mi compi, finalmente me pesé. No sé para qué lo hice. Por una parte me alivió ver que pesaba 95 kg (en pelota picada), un par menos que la última vez que fui a la endocrina (aunque allí me peso vestido, por pudor y porque una cosa lleva a la otra y mejor evitar tentaciones innecesarias). Después de los excesos del verano, comprobar que no sólo no había recuperado todo el tonelaje inicial sino que aun había perdido algunos gramos me subió la moral pero me dio un exceso de confianza que acabaré pagando.

A día de hoy aun no he vuelto a la dieta rigurosa y aunque no me atiborro como un cerdo sí que tomo "alimentos prohibidos" (como patatas), "alimentos prohibidísimo" (como conguitos) y cantidades desproporcionadas aunque tampoco desorbitadas.

No he recuperado todavía mi rutina, pues aunque he vuelto al trabajo no he vuelto aun a mi casa y a hacerme mi propia comida. Espero a la semana que viene para hacerlo. Espero no joderla demasiado lo que queda de ésta. Ahora me cocina mi mamá y eso es algo que no se puede desaprovechar.