Trece, mal número si no crece, dice el dicho. Y eso espero, que el trece no se quede ahí y siga aumentando. Trece son los kilos que he perdido desde que empecé el blog y la consiguiente dieta vigilada. Es decir, que ayer perdí 1,700 kg respecto al mismo día de la semana anterior. No está mal teniendo en cuenta morros de cerdo y otras lindezas. Es decir que ya ando con 93 kilos encima, cuando empecé con 106. Así visto podéis pensar que menuda mierda, que antes era un gordo del copón y ahora sólo un gordo que te cagas, pero yo utilizo mi pensamiento positivo para pensar que me he cepillao un tercio del camino (40 kg es lo que debo perder) comiendo morros de cerdo, y, aunque sea la parte del camino que es cuesta abajo, pues también cuesta.

La endocrina me ha preguntado que si no como, pues considera que es demasiado... y la verdad es que ayer precisamente no comí, porque tuve complicaciones y estreses que me lo impidieron. Pero eso no se lo dije, porque se puso seria y me dio miedito. Le dije: "uy, uy, pues no sé, la verdad es que con el puente y tal he sido malo malote, que raro..." Y así quedó la cosa.

Ahora tengo que hacerme unos nuevos análisis de sangre para ver si el haber perdido esos kilos ha eliminado alguno de los asteriscos de mi anterior análisis.

Mi ajetreado día de ayer sólo me permitió comer:

Desayuno:
cortao

Comida:
nada de nada

Merienda:
Gazpacho (si, me lo tomo de merienda, ¿qué pasa?)
Jamón serrano

Cena:
Tres tacos con pechuga de pollo a la plancha y verduritas varias.

Ahora me he prometido que esta semana haré la dieta a pies juntillas. Tanto para bien como para mal. A ver qué pasa.