El fin de semana siempre es revuelto, y éste ya estaba claro que lo iba a ser mucho antes de que llegara. El fin de semana celebramos el cumpleaños de mi hija, así que ese día fue un despelote: kikos, bocadillitos, melón con mojama, dos birras bien ricas, pastel de un tipo, pastel de otro... pero como uno es persona y como tal sufre si hace cosas malas, lo compensé con una hora de agotador tenis unas horas antes (soy el de naranja, el del fondo es un señor que me endosó un 6-0 6-1 pese a mi dominio abrumador sobre la pista) y con no cenar ese día (¿alguien cena después de una merendola así? yo solía hacerlo).

A parte de esto, me porté bastante bien, comiendo cositas adecuadas como pollo, champiñones y demás, y procurando no pasarme en las cantidades, aunque cocinando mi madre eso siempre es difícil. Hoy por contra ha sido un poco lío, porque tenía unos planes y se han desbarato así que he acabado comiendo de pena: a mediodía tres vasos tres de gazpacho (si tres) y un muslín de pollo, y a la cena un rollo de Kofte del paki que picaba cosa mala y que me ha hecho beber como litro y medio de agua. He picado las prohibidas. Las patatitas fritas. Pero es que me pueden. Y mira que esta malas, todas revenías.

Por la parte negativa (o positiva, según se mire) hoy han operado a mi señora suegra de una hernia inginal y aunque ha ido muy bien la pobre está muy gurruñigada y le duele todo desde la uña del dedo meñique del pie hasta la última pestaña. Como no hay mal que por bien no venga, sabemos que dentro de no mucho se habrá recuperado y que habrá ganado comodidad respecto antes de la operación. Desde aquí le mando ánimos y que se recupere pronto para hacer bolillos.

Dagodu, dale ánimos a tu madre (pero dáselos de verdad)