Aunque perder peso cuando se es obeso parece 100% positivo, es un proceso que, como todos ela vida, conlleva algunas contraprestaciones y efectos secundarios. Ahí van los míos, os animo a comentar la entrada con los vuestros:

1.) Tengo los carrillos por dentro en carne viva de mordermelos para mantener mi afición de estar siempre masticando. Sí, hay que comprar chicles, pero ese gasto es un efecto secundario que no quiero asumir.

2.) Tengo la lengua llena de pupas de pasarla constantemente por los huecos de los dientes para calmar la ansiedad.

3.) La ropa nunca queda bien. O si queda bien es por poco tiempo. Enseguida (con suerte) queda grande, o empiezo a ponérmela cuando aún es pequeña

4.) Parezco 11811 con las pintajas retro que llevo al ir recuperando el fondo de mi fondo de armario. Mi padre ahora luce modernito con mi ropa de gordo.

5.) Mi ego se dispara. Mi mujer dice que estoy más chulín que antes y que no me flipe. Yo le contesto: "pssss!"

6.) Me he dado contra más de una farola por andar mirándome en todos los escaparates cuando camino.

7.) Tardo más en vestirme porque ahora procuro que la ropa me quede bien. Antes no existía esa opcion.

8.) Noto más la crisis al saber de la existencia de ropa que me podría comprar porque ya fabrican mi talla y no poder hacerlo porque "no hay dinero para todo"

9.) Como todo va unido, aprovecharía y me compraría un reloj guapete y ya puestos unos zapatos (aunque los pies no menguan de talla). Pero la puta crisis...

10.) Se convierte en una droga. Cuando llega el lunes, víspera de mi día de "endocrina" ando meando todo lo posible y comiendo lo mínimo para que el día siguiente no tenga una indeseable cifra. En el momento de pesarme parezco un chiflado repitiendo rituales, subiéndome y bajándome varias veces y quitándome hasta los anillos por lo que puedan pesar. Si alguna semana no pierdo algo "la oscuridad se cierne sobre mí".

¿y vosotros? ¿os supone algún problema la pérdida de peso?