Ayer fui a ver a la endocrina. Es una señora muy guapa y muy esbelta, con una sonrisa permanentemente dibujada en la cara, que me explica con todo lujo de detalles lo que debo hacer para conseguir mi peso ideal sin descuidar mi salud. Que me mira a los ojos mientras me habla y que me coge la mano cuando he subido algunos gramos. Es de esas doctoras que sólo lleva puesta la bata, sin pantalones ni falda, una bata lo suficientemente larga para que no se vea la ropa interior y lo suficientemente corta para que te la imagines. De esas doctoras que aún usan medias con ligueros, pese a la incomodidad. Su enfermera es muy parecida a ella, pero lleva una cofia con una crucecita roja bordada. Entrar en la consulta es como entrar en la sección de perfumería del Corte Inglés, algo muy diferente a la antigua sensación de entrar en un ascensor lleno de viejas. Cuando la endocrina me habla siempre intercala palabras cariñosas. Hace que cada semana esté deseando ir a mi revisión, y que quiera hacerlo muy bien para que esté muy contenta.

Esta mañana vi a un conejito blanco que llevaba mucha prisa. Lo seguí por curiosidad y así es como encontré la nueva consulta con la nueva endocrina. Espero que la semana que viene, cuando vaya, siga siendo tan estupenda o más.

Mi nueva y fabulosa endocrina se ha alegrado mucho al verme, e incluso se le olvidó pedirme la tarjeta de la mutua. Cuando me subí a su sofisticada báscula completamente desnudo (como debe hacerse) amplió un poco más su sonrisa al ver que, respecto a la semana pasada, había perdido medio kilo. - Medio kilo es una buena pérdida, tienes que estar muy satisfecho, me dijo. Y así lo hice. Ahora peso 88 kilos, lo que se traduce en 18 kilos menos que cuando empecé el proceso.

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Mi menú de ayer
Ayer cené demasiado: tres tacos de carne de ternera con cebolla, lechuga y col lombarda, bañados en salsa mexicana y en guacamole. Es una comida ligera, pero con un taco tiraba y me jalé tres como un campeón. Al mediodía, en casa de mi madre, comí dos lonchas de lomo adobado a la plancha y una rica ensalada. Hoy tendré que hacer bondad, que remedio, porque me he dejado el tupper con la comida que me preparé ayer en la encimera de la cocina.