Pues no lo sé, pero doy fe que todos pesan. Habiéndome quitado 21 kilos de encima, admito que voy bastante más ligero por la vida, pero ahora, hoy, que cumplo 30 horrorosos años es como si hubiera recuperado todos los kilos de un plumazo y 5 más de efecto rebote. Se acabó el tiempo de la payasadas, señor Miliki.

Y puede que así sea, pues el 28 de Noviembre es fiesta nacional en mi casa. Y no porque yo sea el rey de la republica (que lo soy) sino porque la reina (mi mujer) también cumple años, aunque ella, afortunadamente, "sólo" 29.

Este fin de semana es, por tanto, complicado para mi dieta: esta mañana celebrarlo en el trabajo: surtido de pastitas pakistanís (de esas con tanto azúcar y tantos frutos secos que te comes un bocado y es como si ya hubieras cenado -podrían llevarlas los astronautas), siendo mi cumpleaños, que menos que mis compañeras me vean comerlas, pues mucho no se fían de la pinta. Para cenar, en casa de mi suegra, que se currará una caldereta de pescado y que supongo que no será todo lo light que se puede esperar. Mañana para comer, en casa de mis padres, una gente que no destaca precisamente porque sus comensales se queden con hambre (mi madre es capaz de hacer que un plato de sopa tenga "panza" por encima del borde). Y para cenar, con mi mujer, en plan "íntimo", en el restaurante en que nos casamos y repitiendo menú de boda (ohhhh... que bonitooo...) o sea: crepe de pescado y marisco, cordero a la catalana (con pasas y piñones) y pera bella Elena (con chocolate caliente y helado).

Decidme si sois capaces de soportar semejante plan sin sucumbir y acabar lamiento la vajilla y los zapatos del cocinero.

Creo que la semana que viene me va a tocar hacer una dieta depurativa de esas chungas y salir a correr un poquito, aunque sea para engañar al cerebro y hacerle creer que tiene que adelgazar.