Aunque no soy Jack Skellington, es posible que también acabe con la Navidad. No suplantando al gordo de rojo, sino comiéndomela literalmente.

Para las próximas dos semanas mi calendario de festividades gastronómicas, con visita guiada, degustación y buffet libre, es la siguiente:

24 de diciembre (nochebuena): cena
25 de diciembre (navidad): comida
26 de diciembre (san esteban): comida
31 de diciembre (nochevieja): cena
1 de diciembre (año nuevo): comida
5 de enero (noche de reyes): cena
6 de enero (reyes): comida

Como véis, con semejante calendario el resto de días puede perfectamente pasarlos a base de agua y aun así seguramente engordaré un kilo o dos. Durante esas comidas es muy probable que coma/beba pavo, cochinillo, centollo, pollo, pato, canelones, escudella, turrón, cava, vino blanco, vino tinto, langostinos, mayonesa, polvorones, mazapanes, embutidos, gambas, cabrito, pescados varios... etc.

Es cierto que los platos principales no son precisamente altos en carbohidratos, pero si como un pavo entero con pico y cresta seguro que algo engordo.

Y para mis ratos libres, en la intimidad de mi casa y para que mi estómago no sufra por los altibajos, tengo ya preparado el lote de empresa y algunos complementos que hábilmente hemos ido comprando en supermercados de aquí y de allá que incluye: turrón de chocolate y coco, turrón de bombón blanco, turrón de yema tostada, torta imperial, pastas de almendras, bolitas de coco con chocolate, chocolatinas varias, jamón ibérico, chorizo ibérico, más vino, más cava, más embutido, patés variados...

Vamos, que tengo opciones de recuperar los 24 kilos en 14 días, lo que sería un records que seguramente me haría rico y tristemente famoso.