O, como diriamos en mi tierra, "de mica en mica s'omple la pica", que para los castellano-hablantes se traduce en un "gota a gota se llena la bota".

En resumen, que poco a poco se van consiguiendo los objetivos, y aunque los avances no son tan espectaculares como al principio, tampoco los ánimos están como entonces así que no puedo más que valorar positivamente el progreso.

Esta mañana me he pesado, como cada martes, sin ayuda de endocrina que no sea imaginaria, y mi báscula ha marcado 82 kilos. Es decir, uno menos que el mismo día a la misma hora de la semana anterior.

Muchos os preguntaréis cómo me lo hago para que siempre sean cifras redondas. Parece que yo nunca pierdo 700 gr, 1,3 kg... la respuesta es fácil: porque mi báscula es una mierda. La mierda de mi báscula es de esas que tiene un disco que gira y un palito señala el peso. Ya de por sí, el sistema analógico no permite florituras en precisiones, pero además, la báscula tiene la particularidad de que si te inclinas para adelante marca menos que si te inclinas hacia atrás. Como siempre he sido un "echao p'alante" con la báscula hago lo mismo, aunque sea por beneficio moral. El palo me lo llevaré el día que me compre una báscula de verdad y me regale dos o tres kilos sólo por subirme.

Entramos en la última semana antes de la hecatombe. A ver si mañana os explico mi plan de destrucción personal para las dos semanas de navidades. Esta semana que aun me queda debería ser algo así como un bonzo para mitigar los más que probables excesos siguientes, pero, como diría la Esteban: "no tengo el chichi pa farolillos"

PD: cada martes, además de poner el resultado de mi "visita al endocrino" actualizo la pastilla con el peso perdido y la imagen de enlace del gráfico de progresión. Os invito a echarle un vistazo.