Hoy he hecho deporte.

Dicho así suena imponente, pero es más bien hiperbólico. Llamar "deporte" a lo que he hecho es poco menos que mentir, pero me llena de orgullo y satisfacción haber hecho algo un centímetro más alla de caminar o subir escaleras.

Hoy pensaba coger la moto y darme una vuelta, al Tibidabo quizás, y hacer algunas fotos con mi cámara. Pero me ha dado pereza. Después pensé en quedarme en la oficina y aprovechar para mirar los últimos espisodios de "Que Vida Más Triste". Pero he pensado que mi vida hubiera sido más triste de hacerlo. Finalmente he salido a la calle, ataviado con mi chaqueta, mi cartera y mis llaves, sin rumbo ni objetivo fijo. Paseando por el casco antiguo de Barcelona he pasado por delante de una parada de Bicing, y entonces he recordado que tengo el carnet y que no me van a cobrar más por usarlo. Así que ni corto ni perezoso, he sacado una bici y me he dado un paseito por la zona, mirando las tiendas y mariposeando un poco. Un paseo siempre de menos de 30 minutos, pues a partir de ese tiempo SÍ te cobran. Evidentemente el esfuerzo no ha llegado ni para sudar, en parte porque es bastante cerdo volver a la oficina sudoroso, pero me ha gustado sentir en fresquito en la jeta, darle un poco de meneo a mis patuquis, y moverme por la ciudad con la libertad que ofrece una bici. Espero repetir, si no me da palo.



Al llegar me he calentado mi chuleta de cordero con tres tomates cherry y me la he jalao. Después un cafelito cortao y dos carquinyolis y al tajo.