Por fin llega mi primer día anual de pesaje. Mi nueva línea de flotación se establece en 83,5 kg, gracias a mi perserverancia y a la crueldad de la Tani, mi báscula de reciente incorporación al núcleo familiar. Tani es una báscula muy serie y eficiente, pero a la vez muy cruel. No ha tenido el detalle de dulcificarme el cambio de mi vieja báscula y ha tenido la desfachatez de añadirme dos kilos más que aquella. Sé que mi Tani no me miente, sé que lo hace por mi bien, pero duele como la primera vez... Además Tani no usa siquiera un lubricante, te lo dice a las bravas, con unos numeros enormes, que incluso puedo leer sin gafas.

Si hago la lectura estadística, antes de la navidad pesaba 82 kilos y ahora peso 83,5 así que debería azotarme con las cuerdas de los salchichones que me he comido hasta el sangrado. Pero la realidad es bien distinta. Si me hubiera pesado con mi Tani antes de las fiestas habría marcado 84, así que en realidad he perdido medio kilito. No es para celebrarlo, pero menos es cero.

Algún desalmado pensará que mi Tani no me quiere. Que me miente y exagera para hacerme daño, pero nada más lejos de la realidad. Ayer contraste sus datos (lo sé, soy malo por desconfiar de ella) con la Balance Board del WiiFit y los resultado eran idénticos (+-100 gr.). Así que no me queda más remedio que asumirlo y empezar a trabajar para perder ese kilo y medio que peso de más ahora. Es extraña la sensación de adelgazar pero a la vez alejarte sustancialmente del objetivo.

A partir de ahora no habrá más cambios ni infidelidades. Mi nueva Tani será la única que me pesará oficialmente cada martes con precisión suiza y puntualidad británica. Por cierto, que menos dos semanas después de la última vez que me subí al wiifit, el 1 de enero, he perdido tres kilos y medio... eso sí está bien.

He actualizado los gráficos y he puesto bolitas rojas para marcar a fuego los días en los que la fiabilidad se rompe por el cambio de báscula.

¿Y ahora qué?
Ahora me voy a pasar, por lo menos esta semana, haciendo las cosas tan bien como sea capaz. Eso no implica pasarme tres horas al día encima de una elíptica, implica comer rigurosamente lo que debo y no comer lo que no, implica dar un paseo cada mediodía por el bonito barrio en el que trabajo, e implica todas las noches hacer un poco de wiifit (hoy voy a recuperar mi maltrecha wii, ayer practiqué con la de mi cuñado).

Ayer ya hice un paseo de 2.500 pasos (contados con mi podómetro chuli) y jugué durante una media hora al wiifit haciendo dos sesiones de step, una de stepdance, una de hoolahop y ejercicios varios de equilibrios (y petando un poco los records de mis cuñaos).