No cierro el blog, pero parece que desde hace un tiempo ya no ando escribiendo las entradas. Algunos me vienen avisando sutilmente, y otros incluso me advierten tácitamente: "me gustabas más de gordo".

Parece que, aun sin darme cuenta, e incluso aun intentando evitarlo, me cambia el carácter, a peor, y el humor, a peor. No es que tenga mal humor, es que mi humor es de mal gusto. Yo siempre digo que no, que lo único que cambia es el ánimo, las ganas de hacer cosas e incluso las ganas de discutir. De gordo no tenía ganas de nada, y por no hacer prefería decir una parida a enzarzarme en una bronca. Ahora estoy más animado, más activo y eso me hace (parece) más intransigente, más intolerante y más prepontente.

Siempre he tenido cierta facilidad para el sacasmo. Ya en mi etapa escolar los profesores me sentaban sólo en clase y le decían a mi madre que era una mala influencia para mis compañeros. Que me sentaran al lado de quien me sentaran ese niño bajaba su rendimiento. Recuerdo una vez que me llamaron la atención por no se qué chorrada y me soltaron un rollo quilométrico; me parecía tan exagerado que se me escapaba la sonrisa y entonces la profesora me dijo que era un cínico. Al llegar a casa miré en el diccionario lo que significaba ser un cínico y pensé que aquella mujer tan pesada tenía razón.

Con esto quiero decir que no estoy cambiando al perder peso, sino que cambié al engordar. Aunque en mi caso no se puede saber a ciencia cierta qué es huevo y que es gallina, pues, aproximadamente, de 0 a 5 años fue delgadito, de 5 a 12 gordo, de 12 a 22 delgadito, de 22 a 30 gordo y espero que de 30 en adelante consiga ser delgadito. Recuerdo que con 14 años mi madre me decía que hay que ver qué mala leche tenía con lo simpático que era de pequeño. Ahora lo entiendo: de pequeño era gordo.

Es por esto que no me queda más remedio que dar la razón al tópico del "gordo simpático". Aunque haya pensado que era un "gordo cabrón" parece que soy mucho más cabrón a medida que dejo de ser gordo.

Prometo hacer uso de la misma fuerza de voluntad que me ha permitido perder 26 kilos y seguir perdiendo más, para no hacerme demasiado desagradable ni molestar a aquellos que no lo merecen. Igualmente, la cabra tira al monte y en el día a día es difícil resistirse a defenderse atacando cuando se presenta la oportunidad.

Aprovecho para pedir disculpas a todos los que ofendí cuando era flaco y a todos los que ya he empezado a ofender y ofenderé seguro. Igualmente espero sus agradecimientos por mi trato benévolo en mis muchos años de gordo.