Acabo de ver una película, Cashback, que me ha hecho recordar algunos detalles que tenía ya enterrados. El film ronda la metáfora de lo gratificante de detenerse un instante a apreciar los detalles que hacen que la vida pueda ser una fantástica experiencia, y que a menudo, precisamente por ser detalles, acaban cayendo en el saco de lo irrelevante.

La vida tiene experiencias irrepetibles que ponen los sentidos al 200% y que te acompañan para siempre. De la vida siempre me han gustado esas sensaciones, incluso las malas. Disfruto realmente con todo lo que me supone una novedad, incluso con lo que se supone desagradable. A riesgo de parecer un chiflado, admito que me hubiese gustado repetir el tema del sirope, ya no sólo por las consecuencias, sino sobretodo por lo extraordinario de la experiencia. La sensación de pasar 10 días sin masticar es algo que mucha gente morirá sin haber tenido. Es un reto estúpido, pero que te hace esforzarte por conseguirlo y por lo tanto sentir y ser consciente de una realidad absurda pero potente.

A toro (casi) pasado admito, no sin vergüenza, que incluso he disfrutado y disfruto del recuerdo de ser obeso durante casi una década. Por supuesto, es una maldición que aporta pocas cosas positivas, pero aporta un punto de vista diferente, la posibilidad de ponerte en el pellejo de mucha gente y de entender un poco más a las personas. He vivido siendo delgado, incluso atlético; siendo enérgico y también siendo obeso; inactivo y apático. He podido comprobar cómo la piel que nos ponemos condiciona inevitablemente nuestra vida; nuestras reacciones; nuestro carácter; nuestras opiniones también.

Obviamente, no es algo que repetiría y menos aun algo que haya provocado voluntariamente. La obesidad fue la consecuencia de un estado vital y acabó por convertirse en el motivo de otro estado.

Como dice el refrán "nunca te bañarás dos veces en el mismo río", la vida no se detiene ni un instante ni siquiera cuando parece monótona, aburrida y constante. Hasta en esas ocasiones está sucediendo y puede dar un vuelco en cualquier momento. Mi obesidad, de hace tan sólo unos meses, me parece ahora algo lejano y casi anecdótico. Mi obesidad me condicionó hasta definirme mientras la sufrí y mi voluntad de abandonarla me ha estado acompañando, casi custodiando, desde un tiempo a esta parte. Me gusta empaparme con la vida, con los detalles y la situaciones. Me gusta fundirme con mis retos y sobretodo me gusta dar por terminadas las empresas. Ahora siento que estoy cerca de conseguirlo, y aunque ya se pueda considerar que he logrado el trasfondo, necesito alcanzar la meta que me había fijado, para poder congratularme por mi esfuerzo y avanzar en otra dirección. He hecho de adelgazar mi pasatiempo; mi hobby; mi obsesión quizás. Llevo 9 meses pesándome a diario -varias veces-, escribiendo lo que como, documentándome en profundidad sobre por qué soy gordo y cómo puedo dejar de serlo, y dedicándole prácticamente todo. Un año parece un plazo más que razonable para restaurar lo que se ha estropeado durante una década. Estoy ansioso por que pase ese año, por que llegue el verano y pueda mirar atrás con satisfacción y hacia adelante con inquietud.

Siempre que afronto algo con pasión permace definitivamente conmigo. Me gustará mantener este blog, seguir escribiendo y continuar el contacto con todas las personas que me leen. Sus comentarios han sido el mayor refuerzo y me gustará poder devolver el favor en la medida de mis posibilidades. Me gustará ser el hilo de esperanza de algunos que están a punto de tirar la toalla y asumir que están condenados a ser de un modo con el que no se sienten bien. Pero me gustará también dejar de pesarme, dejar de preocuparme por lo que como, dejar de contar calorías y sobretodo, hacerlo sabiendo que tengo el control, que he conseguido reconfigurarme para automatizar algo que debiera serlo de natural y que lo que ha supuesto un esfuerzo titánico ahora me recompensa con una vida que me permita disfrutarla de otra manera.

La felicidad, ya lo he dicho alguna vez, no está fuera sino dentro de cada uno. Es posible disfrutar con la misma intensidad tanto pequeños matices como grandes eventos, y todos tenemos derecho y opciones de encontrar nuestra vía. Hay que asumir que la felicidad depende en gran medida de la infelicidad y que un simple sonrisa al cabo del día debe servir para que haya sido un buen día.

No soy una persona especialmente inteligente y no me resulta cómodo dedicarme intensamente a demasiadas cosas a la vez, por eso tengo tantas ganas de acabar con esto de adelgazar, para poder sumergirme en actividades y retos que me sé que me gustan y a la vez encontrar nuevos rincones todavía pendientes.

Siempre me ha gustado escribir y eso es algo que, aunque anecdóticamente, he podido combinar gracias a este blog. También me encanta la fotografía y el dibujo: capturar momentos de una forma tan subjetiva... durante algunos años tenía permenentemente un lapiz en las manos y recuerdo la sensación de tranquilidad que significaba. El tiempo se detiene, o más bien deja de importar, y sólo importa lo que eres capaz de hacer para reintepretar un pedacito de la vida, muchas veces de la vida de otras personas que no dejan de ser pedacitos de la propia vida.

PS: El dibujo que ilustra la entrada lo hice hace un año y medio y pretender representar a mi mujer, recostada en sofá y cubierta por una manta, pasando el rato tranquilamente. Ahora la miro y aunque dormida, está igualmente tumbada, cubierta por la misma manta y con la misma bata puesta. Para ella va esta entrada, esta blog y todo esta empresa de perder 40 kilos que no me cabe duda que conseguiremos.