Ayer me pesé. Me daba palo porque la cosa no pintaba bien, así que me fui al gimnasio y me licué durante una hora y cuarto con bicicletas, elípticas y demás. Al final conseguí perder 200 gramos respecto a la última vez, hace dos semanas. Así me puedo tirar años para perder tres miseros kilos; esto va más lento que el caballo del malo.

Ahora peso 74 kilos exactos, o sea, 32 kilos menos que al principio, y 2,7 menos de lo mínimo que me exige la OMS para garantizar que mi salud no está en riesgo por cuestiones de gramos.

Peor sería haber engordado, digo yo.

Por lo pronto este fin de semana tiene tres días, pues el lunes en Barcelona es festivo (segunda pascua). Así que ya veremos la siguiente qué tal.