Hoy es mi último día de trabajo. Si los viernes ya suele ser habitual ver cierto despelote en la oficina, el último viernes antes de vacaciones ni te cuento. En mi caso me toca joderme, currar más que cualquier otro día para dejar las cosas mediamente finiquitadas y multiplicarme para suplir a mi compañera de baja. Pero a las 14:30 todo eso habrá terminado. A las 14:30 ya sólo tendré mi mente para la playa, el sol, los mojitos, las patatas bravas, la siesta y el acurruque familiar. Tres semanas de perreo sin baile que se me empiezan desde ya a hacer cortas pese a que no tengo ni medio plan para ocuparlas.

En lo nutritivo, ayer jugué un partidito de futbol sala, me desfondé como siempre y sudé 1,6 kg (me pesé al salir y al volver). Hoy tengo las piernas como dos botijos pero sarna con gusto no pica. Ando todavía mantenido en mi peso, ahora entre 70 y 71, y hoy volveré afeitarme la cabeza para mantener mi cambio radical. Con mi nuevo peso me he "tenido" que comprar todo el relleno del armario nuevo y he aprovechado para comprar lo que siempre me había gustado (y podía pagar) en lugar de lo que me "servía".

El fin de semana pasado, sentado en el margen de la piscina, recordaba cómo era hace sólo un año con 106 kg de peso y al borde de la obesidad mórbida. Ahora es diferente, y aunque aun me sobra algo y las pieles va a costar que vuelvan a su sitio, me puedo manejar con normalidad, que era lo único a lo que aspiraba.

Mucha gente se apunta a la operación bikini para lucir palmito playero. Yo lo tuve que hacer con un año de antelación, pues empecé justo por julio del año pasado, pero este verano podré disfrutarlo un poco más. Y digo poco porque, lo que importa del verano y de las vacaciones, poco tiene que ver con el peso o con la grasa.

Semanalmente tocaré un ordenador y procuraré mantener alguna información sobre cómo van las cosas, aunque no prometo nada. Por el momento me despido alegremente e invito a todos los gorditos que aun están a medio camino a que disfruten de lo bueno del verano a tope, a que se esfuercen por perder peso porque vale la pena y a que sobretodo, no desmoralicen, que es lo más difícil. Si yo he podido (o estoy pudiendo) todos podéis.