Pues mal va la cosa. Los gordos creemos que cuando dejemos de ser gordos pintarán los autobuses de rosa y caminaremos un centimetros por encima del suelo. Pensamos que perder de vista la obesidad y el sobrepeso nos convertirá en bradpites apetitosos a las quinceañeras y en máquinas deportivas y sexuales.

El primero error de razonamiento es pensar que dejaremos de ser gordos, porque eso nunca va a pasar. La gordura en nuestro caso es algo eventual, así que podemos dejar de estar gordos, pero nunca dejaremos de serlo. Porque la gente no cambia, y suponiendo que lo haga, nunca lo hace por decisión propia ni a mejor. Ni siquiera la voluntad férrea de Marge fue capaz de doblegar a Homer y convertirlo en un hombre de provecho, más al contrario, se vio arrastrada a una espiral de entropía.

Digo esto porque, y a riesgo de entristecer a algunos amables seguidores, las cosas no cambian tanto cuando cambian tanto. A día de hoy sigo más o menos en el peso, pero más más que menos. Ando por 72/73 cuando me peso ideal empieza en 71, y aunque no va de ahí, pensaréis, el caso es que no ando por 69.

No cambian tanto porque el lunes pasado fui a jugar un partido de futbol sala, pensando que con 35 kilos menos sería más ligero que el balón, pero lo cierto es que me desfondé antes que cuando pesaba 106 kilos y lo que es peor, creo que incluso era más lento. Entiendo que mis músculos han adelgazado aun más que yo. Cabrones músculos. Además, siendo gordo la gente asume tus limitaciones, pero no siéndolo te acusan miradas de estupefacción.

No cambian tanto porque no quedaron tantos pellejos para lo que podría ser, pero me quedaron exactamente los mismos que hoy, dos meses después. Pellejos que, aun con poca grasa, me hacen parecer fofo.

No cambian tanto porque ya nadie me dice cosas bonitas y halagadoras. Ni siquiera cuando me pongo una camisa nueva y paso por delante de las personas exhibiéndome como un pavo real.

Así que, gorditos míos, no esperéis encontrar en el peso ideal la piedra filosofal, porque un flaco es igual de cretino que un gordo, pero no despierta ninguna simpatía.

Eso sí, era una máquina sexual y sigo siéndolo. Eso no va ligado al IMC.