Ahora que me he vuelto a poner las pilas unos días; que he eliminado los excesos de los últimos meses; que he regresado a mi IMC<25, me he planteado que sería interesante seguir haciendo los deberes y resistir hasta llegar a lo que yo (y la OMS) consideramos mi peso ideal, entre 62 y 66 kilos.

Desde que empecé con el blog -y en consecuencia con la dieta- mi objetivo era perder 40 kilos, es decir, bajar a 66. Al llegar al normopeso, con 35 kilos perdidos, publiqué algunas fotos en las que el cambio era más que notable y en las que se aprecia que "ya no estoy gordo". Pero de no estar gordo a estar "ideal" va un matiz, y si he tenido derecho a intentar y conseguir dejar de estar gordo creo que también lo tengo a estar tan bien como quiera.

En seguida, cuando uno pierde tanto peso y pasa a estar normal, saltan voces de alarma. La gente no digiere bien los cambios bruscos y quizás la comparación hace el resto. Ver mi antes y después provoca que la reacción normal sea la de decir que ya estoy bien, que no tengo que bajar más... y es cierto. No tengo por qué. Pero si quiero bajar más, cinco kilos más, no implica que se me haya girado el coco, que me haya vuelto anoréxico, vigoréxico o disléxico, no significa que me esté obsesionando más allá de lo saludable. Simplemente, una vez conseguidos los mínimos, el aprobado, voy a intentar presentarme en septiembre para mejorar nota. A estar alturas no pretendo la matrícula de honor, pero un notable sí creo que lo puedo sacar.

Yo me conozco desde hace algún tiempo, sé cómo soy, cuál es mi constitución y cómo trabaja mi fuerza de voluntad. Sé que no soy un tipo corpulento, y por eso mi peso ideal no está en un IMC de 25, sino que estaría más cerca del 22. Además, si llegado a ese peso no me veo bien, siempre puedo volver a ganar los kilos, algo que he demostrado que no tengo dificultad de hacer. No corro el peligro de que querer estar cada vez más delgado y verme gordo aun siendo un esqueleto, porque no vivo solo, vivo con mi mujer, con la que voy de la manita desde los quince años, y que sabrá ponerme sobre alerta si me paso de flipao. De hecho, ayer mismo, en boxers (porque yo no llevo calzoncillos, sino boxers o slips) le planteé la cuestión y su opinión fue exactamente la misma que la mía: más allá de que sin ropa se me ve fofo (por la piel, más que por la grasa), es cierto que ya no se me ve gordo, pero que se me vería mejor con 5 kilos menos. Aún tengo las piernas gruesas, y estoy un poco tocho.

Haciendo números se puede sacar la conclusión fácilmente:

1. Mido 169 cm. Eso me situa dos percentiles por debajo de la media. Por equivalencia mi talla de ropa debería ser también algo por debajo de la media, así que considerando la media M-L (aunque yo creo que más bien es L) mi talla debería ser S-M. No soy un pigmeo, no tengo que ir con una XS, pero una M me debería quedar niquelada y ahora me va justa. Con los pantalones pasa igual: mi talla debería ser una 40 o 38 y ahora una 40 me queda apretada.

2. El cuento de la vieja siempre ha dicho que hay que pesar lo que pasa del metro. Si mido 169 tengo que pesar 69 kilos, así que al menos dos kilos hay que perderlos. Si a eso le añadimos que 169 es la altura que conseguí un día de inspiración y que generalmente me quedo 168, pues tres kilitos es lo mínimo para estar normal según la norma de Txumari.

3. Me encuentro estupendamente, aunque aun estoy muy lento y torpe. Creo que con 5 kilos menos me manejaría de miedo y me resultaría más fácil ponerme en forma.

4. Tengo varios amigos que miden exactamente igual que yo y que están normales de todo (o hasta con barriguita) y pesan unos 66 kilos.

Pues eso. Me gustaría saber vuestra opinión: ¿Hago bien intentando perder cinco kilos más?¿Me estoy pasando?