Ando como Los Panchos: perdido, sin rumbo y en lodo. Esta semana ha sido el cumple de mi hija y hemos montado una fiesta en la que la he liado parda haciendo uso y abuso de cacahuetes con miel, lacasitos, ganchitos, patatas onduladas, crusanitos de chocolate, pasteles, churros, chupa-chups, olivas, fuet, aperitivos japoneses -menudo invento raro, éste, por cierto-, almendras, avellanas, cacaolat, cerveza... Pero no pienso dejarlo todo por mucho que una pizza calzone me susurre "ven" al oido. Voy a intentar ponerme la pilas para volver a la senda de la rectitud de la que nunca debí alejarme.

Como a mí me gustan los retos, el masoquismo y la autolesión psicológica, he pensado que la mejor manera de hacerlo es a la brava, añadiendo imposibles. Esta semana entrante voy a conseguir (hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes) varias cosas:

1. reducir mis cinco cortados diarios a dos: uno por la mañana y uno después de comer
2. reducir mis carbohidratos diarios a los niveles que se que me funcionan: un bocadillito de desayuno y nada de harina/pasta/arroz el resto del día; sólo los de frutas y verduras
3. aumentar mi consumo energético a diario: los lunes tengo partido de fútbol y para el resto de días tengo una preciosa bicicleta elíptica que hace las veces de galán de noche y que está eufórica por volver a rodar con frecuencia.

Si tengo los santos cojones de mantener estas tres tristes directrices durante una simple semana (lo ideal serían 10 días) seguro que:

1. vuelvo a los kilitos anteriores o incluso a los adecuados
2. mi coco también vuelve a su estadio positivo
3. mi salud lo agrecede

Así que se abren las votaciones sobre sí seré capaz o no. A mi favor juega que ya se ha visto que soy capaz de hacer cosas "parecidas" en mi contra juega que tengo pocas ganas, poca motivación y poco tiempo libre. Prometo ser riguroso y confesar mis fracasos diariamente si los hubiere. También prometo alardear de mis triunfos, algo que no creo que coja por sorpresa a nadie.