Hay días en los que, antes de sacar los pies del lecho, ya te estás arrepintiendo de haberte levantado.
Días de esos en los que se te olvida el motivo de lo que haces, y en los que deja de tener sentido lo que antes era evidente.
Días que crees que serán el último, aunque sepas que mañana habrá otro.
Hay días en los que parece que no vale la pena esforzarse, que es como intentar parar con las manos el agua de un río.
Son esos días en lo que antes te dabas un baño de calorías y que por eso ahora sientes frío.

Todos los días podrían ser buenos, pero algunos, antes de empezar, ya no lo son.

El optimismo es la capacidad de advertir que quizá mañana no sea igual.