No me gusta decir adiós, porque parece que además de cerrar la puerta piensas cambiar la cerradura, pero lo cierto es que en este caso, el "hasta la vista" responde más a cuestiones de cortesía que a una declaración de intenciones; algo así como el "sayonara baby" que decía el gobernador de California en el Terminator original antes de vaciar el cargador de su arma en la cara de alguien.

No cabe duda que raras veces la vida es lo como habíamos soñado. Algunas veces no es como habriamos querido. En alguna ocasión incluso no nos gusta demasiado cómo nos trata y por suerte, con no demasiada frecuencia no es siquiera algo que estés dispuesto a aceptar. Cuando en la vida pasas por malas rachas, cuando las pequeñas penas se suceden y se amontonan, el estado de ánimo se resiente, pero entonces nos proponemos objetivos, metas e ilusiones que nos permiten coger aire imaginando un mañana mejor. Pero, cuando eso también falla, se apaga la ténue luz de vela y sólo dejar pasar el tiempo puede llevar a un nuevo amanecer. Es tiempo de armarse de paciencia y esforzarse por creer que cuando se está en el fondo sólo se puede uno mover hacia arriba; o quizás mejor, que en realidad el fondo siempre está aún más abajo y que más vale tocar madera.

Hay situaciones que ejercen un efecto demoledor sobre lo relativo de las vidas, sobre lo trascendente de las acciones y que dejan nuestra realidad diaria en rídiculo.

Escribir un diario es siempre regodearse en el día a día. La tristeza es a veces necesaria para tener algo interesante que contar, y escribir sobre un reto -como lo era el mío de adelgazar- puede ser una buena terapia. A día de hoy me importa poco si estoy flaco o gordo, si soy guapo o feo, si soy tonto, bajito o de color verde. A día de hoy no me apetece escribir sobre mi día a día porque lo que quiero es dormir hasta mañana, hasta que la luz del sol me despierte.

Así que con estas pocas y mal redactadas palabras me despido, con sabor agrío, y os animo a perseguir vuestros objetivos, pero, sobretodo, a vivir cada día en la medida que os sea posible, porque mañana siempre será el futuro y lo que nos toca vivir es el presente.

Aun así pienso que quizá algún día, cuando me despierte, sea mañana, y que ese día antes de acostarme os explicaré lo bien que me ha ido la jornada.