Sudar de todo es una práctica común que estoy empezando a implementar en mi día a día. Es gratificante poder responder a todo con un "ah... pues muy bien" que pueden interprentar fácilmente como un "ah... me la pela".

Filosofías vitales a parte, lo que hice ayer no fue exactamente "sudar de todo" sino más bien "sudar DEL todo". Vamos, que me quedé más seco que una ñora en el partido de fútbol que jugué. Literalmente, sudé 1,2 litros de agua salada en una hora de partido. Teniendo en cuenta que el portero era rotatorio y me tocaba ponerme cada cierto tiempo, no está mal la sudada.

Ya sé que 1,2 kg menos después del partido no se traducen (ni por asomo) en 1,2 kg adelgazados, pero está muy bien quitarse de encima todas esas toxinas, una poca de grasa, tonificar algún que otro músculo y perder algo, aunque sea poco, de peso.

Lo malo de esto es que te pesas, ves esa cifra espectacular (70,5 kg) tan cercita tan cerquita de traspasar la barrera psicológica de las decenas, pero es imposible hacer nada para retenera y menos por mejorarla a corto plazo, porque, a corto plazo, después de sudar 1,2 kg, hasta la lluvia engorda.

Lo bueno es que el lunes vuelvo a tener partido de fútbol.
Otra cosa mala es que este sábado tengo comida casera mexicana.