Ayer salí a correr con mi cuñado a las 23h e intentamos reproducir en la medida de lo posible el recorrido de la carrera del domingo. En total hicimos 4,25km, que yo pensaba que era un poco menos pero en realidad es un poco más, pues la carrera tiene 4,1km.

Empecé bien la cosa, trotando tan tranquilo y a un ritmo bueno para mis limitaciones. La primera mitad bien, o mejor dicho normal: a los 2 minutos notaba las piernas como botijos, a los 5 minutos unos pinchazos bajo las costillas... vamos, lo habitual. Pero por allá el km 3 empezó lo malo. Notaba como tenía que para de correr, pero la gente de botellón que había por todo el parque no parecía la mejor compañía así que seguí corriendo. 1km y pico interminable, corriendo como un pollo sin cabeza detrás del keniata blanco de mi cuñado, que corría como si acabara de salir.

El último giro previsto no lo hicimos porque pensé que había muchas posibilidades de que el domingo no pudiera correr a causa de un desgarro muscular, o una muerte súbita.

El entreno me sirvió para eso sí, constatar que soy capaz de acabar la distancia en un tiempo parecido al del año anterior, y eso contando que ahora peso 5 o 6 kg más.

¡Ah! tardé 22 minutos en hacer los 4,25 km. Lento pero inseguro. Sudé 1 litro de toxinas y otras guarrerías.