Finalmente corrí el domingo la II cursa de Sant Adrià de Besòs, y hubo buenas y malas noticias; y buenas y malas sensaciones.

Primero lo bueno, así los hipocondríacos puede dejar de leer antes. Corrí como un campeón el recorrido, que finalmente fue de 4,1 km (le cambiaron el final para hacerlo más épico). Me lo pasé bien, lo conseguí completar y mejoré en bastante el ritmo que había llevado en los entrenos de estas dos semanas. Quedé por delante de gente con aspecto normal y no sólo por delante de ancianos, niños y similares.

Lo regular. Acabé el 102 de 156, lo que no suena especialmente espectacular -mi cuñado acabó el 76 y me sacó dos minutos- e hice un tiempo de 22:43. Llegué en esta ocasión con dignidad: dando zancadas largas y no pasitos de moribundo, esprintando y adelantando a un corredor en los últimos metros. Como las leyendas. Eso sí, mi mujer dice que se alarmó al verme respirar como un pez los instantes posteriores a mi llegada y algunas de la fotos revelan la posibilidad que el esprint final pueda servir como exorcismo.

Lo malo. Parece que mi aparatito no es precisamente preciso -me refiero al cuentapasos- y me dice que la distancia que corrimos es de 4,6. Se ha colado de medio km y eso es bastante, lo que significa que todos estos días he estado corriendo algo más lento de lo que pensaba y menos metros de los que pensaba. Contando mi aparato como base, en la carrera llevé el mejor ritmo de la temporada (4:50 'km) pero en realidad fue un poco más lento que el año pasado (5:33 'km). Teniendo en cuenta que ahora peso 6 kg más y que llevaba toda la temporada veraniega dedicado al noble arte del nohacernadismo, pues me conformo.

¿Y ahora què? Pues ahora tranquilidad y buenos alimentos y a intentar mantener una cierta costumbre de correr. Me propongo tres objetivos a plazo indeterminado (no tengo prisas, como se deduce del hecho que haya dejado llegar a la meta a un centenar de personas antes que yo): perder peso hasta el peso ideal, unos 10~15 kg y mantenerme ahi al menos unos minutos; correr más deprisa y poder participar en carreras de una milla que me resultan menos agobiantes -ahora la corro en poco menos de ocho minutos y me gustaría hacerlo en poco menos de siete; y correr más kilómetros, o por lo menos más tiempo, aunque sea a velocidad ridícula -me gustaría poder correr las tradicionales carreras populares de 10km y, simplemente, acabarlas.