Aparte de una divertida paradoja linguística, el matiz ser/estar que rechazan los sajones como si fuera mismo perro con diferente bozal sirve para definir un concepto radicalmente diferente.

Estar malo es, por lo general y según la opinión pública, malo. En ese caso extendido ser y estar tiene resultados parejos. Pero, para la difícil idiosincrasia de nosotros los gordos, hay ocasiones en las que no hay mal que por bien no venga.

Dicho de forma que tenga algún sentido: estoy malo, con unas décimas, y con anginas, y como me cuesta tragar y me cuesta caminar hasta la cocina y el frío de la nevera me pone los pelos como escarpias, me cuesta menos comer menos. Así que para mi sobrepeso estar malo resulta ser bueno.

De aquí podemos extraer la feliz conclusión del gordo simpático. Es de sobras conocida que los gordos somos gente simpática, a excepción de algunos pocos gordos cabrones como el que escribe. Esto es porque solemos pescar en río revuelto y, cuando enfermamos, mientras el pueblo esbelto muestra su cara más horrible, nosotros podemos sonreir porque podemos encontrar el lado positivo de la amigdalitis.

PD: en la foto, las dos caras de la moneda. (para nosotros no hay cruz)