Han pasado algunos minutos desde mi última entrada, aunque parece que fue hace segundos. Algunos os preguntaréis donde he estado. Algunos no. Mi madre siempre dice que hay gente para todo y que eso está bien porque por eso el mundo es mundo. He estado ocupándome de esto y de aquello, intentando vivir ajeno a mi condición de gordo y procurando sobrevivir sin andar pendiente de la báscula. Y, en consecuencia he vivido en un constante tira y afloja (o tira y alforja) que me lleva a subir y bajar 5 kilos como quien se suena los mocos.

Vengo pesando unos 73 kg, es decir, 5 más de los que lucía orgulloso en mi anterior entrada. Llegué a bajar a a 67 y llegué a subir a 75. Érase un hombre a una balanza pegado, que diría Quevedo si me hubiera conocido. Pero no lo hizo, porque él está muerto -en paz descanse- y yo, por el momento no. Cuando me confío y no me controlo, me descontrolo. Me pongo a darle al chocolate en todas sus variedades alimenticias. Qué rico el chocolate, y ¡qué adictivo!

Durante este tiempo he seguido haciendo el tonto corriendo como un cobarde, haciendo locuras insanas como desperdiciar dos horas del mejor sueño para salir a correr a las 7 am y poder saludar al señor que pone las calles, o participar en carreras multitudinarias para sentirme parte de una multitud atlética y sana. He corrido la Cursa de la Mercè y lo he hecho en 57 minutos, lo que me hace sentir casi tan orgulloso como por la pérdida de peso.

Mis planes de futuro son seguir entrenando, seguir perdiendo peso, estabilizarme algún día, y seguir participando en carreritas populares. El six pack, por el momento, lo guardo en la nevera, para que se conserve, junto a la tableta de chocolate. A finales de mes participaré en otra carrera de 10 km, la Jean Bouin, la más antigua creo que de Europa. Mi objetivo en esta carrera es conseguir la camiseta que regalan, para poder ponérmela y sentirme más atleta que ayer, y si puede ser, no hacerlo peor que en la carrera anterior, aunque no prometo nada porque estoy más gordito, llevo un tiempo sin trotar y las promesas es mejor dejárselas a gente que se comprometa a cumplirlas, como los políticos que nos han tocado.

¡Ah! y también intentaré escribir aquí de vez en cuando.