Algunos ya conocéis que mi ética personal inquebrantable me obligada a no hacer un desprecio cada vez que me invitan a viandas. En la empresa en la que trabajo tenemos la costumbre de celebrar los cumpleaños trayendo alguna cosita de picar. Esta semana he tenido el lunes un pastel tremendo que duró hasta el miércoles y el jueves unas cuantas pastitas variadas. Un hombre tiene que hacer lo que un hombre tiene que hacer, y resistir tentaciones no está entre sus atribuciones, así que esta semana está siendo bastante quebradiza.

Por otra parte, tuve los santos collons de ir a correr un poco el día siguiente de mi carrera de 15 km. Salí el lunes por la noche, y me hice 6 km como quien no quiere la cosa, a un ritmo medio de 6:46 min/km, sensiblemente más rápido que el día de la carrera, que fui a 7 min/km. De los seis km, tres fueron a 6:30, lo que me acerca a una media ya más normalita. Además, ayer volví a salir y, aunque solo pude hace 5 km porque no tenía tiempo para más, me cundieron bastante: los hice a idéntico ritmo medio que el lunes, con el detalle de que el último km lo hice a 5:37 min/km, lo que es un ritmo muy alto para mí (en mis mejores carreras de 10 km el ritmo era de 5:45) y poder hacerlo al final es muy positivo. Falta mucho (quien sabe si toda la vida) hasta que pueda mantener cómodamente ese ritmo durante 10 km, pero es un pasito.

Así que dos de cal y dos de arena, veremos cómo sigue. Por lo pronto tengo pensado volver a salir un par de noches más esta semana, pero también ir a comer una calçotada el domingo y a cenar fuera, así que posiblemente siga sin ver el p*** siete una semana más.