Este fin de semana ha sido difícil portarse bien. Mejor dicho, portarse rigurosamente bien, porque el que como yo es bueno siempre se porta medianamente bien.

Los viernes siempre son días rarunos, porque voy a buscar a mi mujer y no comemos hasta las 16:00 o poco menos, y porque solemos comer en el pseumacdonaldskentucky-pakistaní que tenemos debajo de casa. Así dicho suena a barbaridad gastronómica que alguien que pretende adelgazar coma semanalmente en semejante garito, pero a la práctica no es tan grave. Lo que ya es un poco más grave es que este viernes comí y cené de alli. Aunque sea tipo macdonalds, también es pakistaní, por lo que siempre te puedes pedir un dürum con pollo asado que es la mar de saludable (éste lleva trozos de pollo asado, y no el clasico canuto cortado con la maquina de rapar) con un poco de ensalada y enrollado en una fina torta. Además lo riego con Nestea Sin Azúcar recomendado por mi endocrina descanse en paz. Lo único problemático son las patatuelas fritas que lo acompañan. Siempre puedes no comerlas, pero nunca lo haces.

El sábado, después de ser consciente que no había sido el niño más obediente de clase me autoimpuse algo de disciplina y comí un plato combinado autopreparado que consistía en un tomate en rodajas, una zanahoria también en rodajas y unos champiñones a la plancha en rodajas para variar. Rico y sin nada de lo que engorda (calorías, carbohidratos o grasas). La cena fue jodida, pues por la tarde fuimos a ver una especie de circo lamentable que hacían en el barrio con la niña, mis cuñaos y unos amigos, y los respectivos hijos de cada uno. Los niños se lo pasaron bien, así que el dinero de la entrada lo doy por bien invertido, pero el espectáculo fue algo lastimoso. Luego se escuchan voces amargas que lamentan la desaparición de los circos... no me espera el circ du soleil, pero tampoco hace falta confudir a los niños con tontolabas. El cartel anunciaba los "personajes preferidos de tus hijos" y yo flipé un poco porque me extrañaba que alguien que había adquirido los derechos para hacer representaciones con personajes Disney lo hubiera hecho también con Doraemon, así que supuse que los utilizaban bajo su propia responsabilidad y por toa la patilla. El espectáculo era, como suele ser habitual, una serie de números de diferentes disciplinas circenses como malabarismos, payasos, etc, y la gracia y el reclama era las intervenciones de los personajes Disney & Co. Al final dichas intervenciones se resumian a un fulano disfrazado de Doraemon/Winnie the Poo/Mickey haciendo el panoli mientras la música de la canción de la serie sonaba por los altavoces grabada directamente de la tele. Y digo haciendo el panoli porque al menos, ya que no había ningún guión, podría bailar, pero no. Hacía el panoli. Además los disfraces eran algo entre horribles y horrorosos, con un Winnie que tenía la piernas el doble de largas que el resto del cuerpo, un mickey sin cuello ni hombros y satinado, y unos enanitos gigantescos y desproporcionados.

Pero a los niños les hizo gracia, así que es lo que hay.

Al salir necesitabamos desintoxicarnos y ante la negativa popular a mi propuesta de ir a un peepshow entramos en el bar más cercano a tomar algo. Tomar algo que se convirtió en jalar algo y tuve que ver horririzado como mis compañeros de mesa, incluida mi mujer y mi hija, devoraban frankfurts, pepitos y patatas fritas ante mi estupefacta mirada. Tan sólo tuve el apoyo de mi cuñada, de dieta estricta que no disfrutó ni siquiera de un café con leche como el mío y se conformó con un té. Es un consuelo ver que otros están más jodidos que uno. Cené ya en casa un poco de nevera, es decir, jamones dulces y serranos y queso.

El día siguiente era conflictivo pues teníamos una comida familiar en casa de otro cuñado, y tenía pensado servir paella. El arroz tampoco es el mejor aliado, pero tengo claro que quiero vivir normalmente y acepté ilusionado comer de esa paella. Incluso acepté comerme el brownie de postre, algo que quizás debería haber reemplazado elegantemente por la compota de manzana. Pero no me salió de los cojones. Allí estaba también mi triste cuñada a dieta, comiendo su triste bistec y la triste ensalada. Mi cuñada no es tan gorda como yo, pero si se lo propone puede ser igual de cabrona, así que hambrienta asusta. Para cenar y compensar me hice la célebre tortipizza de Alivalle. Un gran clásico.

Hoy lunes he empezado con buen pie, pues mañana es día de pesaje y no quiero quedar mal, así que me he desayunado unas lonchitas de jamón dulce y un zumo de naranja, me he almorzado un cortadito y me he comido una manzana ácida y tres clementinas.

Un saludo a todos los gordos que me leen, que sé que son la mayoría. A los flacos no les saludo, que se jodan.

Por cierto, si os han gustado los Miquimauses de la cabecera visitad esta web, dedicada a recopilar Mickeys Feos.