Esta semana, como tantas, me he portado bastante mal y he comprado muchos números para que mañana, día de revisión, no consiga un resultado satisfactorio.

Ayer comí con unos amigos rollitos y hamburguesas varias con patatas fritas, anteayer comí pizzas en el nuevo restaurante de mi pueblo y el resto de la semana tres cuartos de lo mismo. Por una parte, ya me queman los quilos de más y tengo ganas de quitármelos de un plumazo, pero por la otra, tengo ya un aspecto aceptable y no me parece tan prioritario seguir perdiendo kilos a saco como vivir con alegría y hacer lo que buenamente pueda.

Vamos, que hoy intentaré compensar, como cada lunes, los excesos semanales, aunque de momento ya se me ha ido al garete mi plan de pasar la tarde en el gimnasio. Me parece que todo el deporte diario será bajar a tirar la basura después de cenar. Contanto que vivo en un entresuelo no se puede decir que sea una maratón...

Me quedan menos de 6 kilos para entrar en lo que se considera oficialmente según la OMS "peso normal". Y admito me haría ilusión ir por la visa sabiéndome orguglloso poseedor de un "peso normal". Pero también sé que lo que importa es la salud y el aspecto y que ninguno llevamos una etiqueta en la frente con nuestro IMC, así que nadie es capaz de saber a ciencia cierta si te sobran 3, 5 o 7 kilos.

Para muestra un botón: esta semana un compañero me dijo que me veía que había perdido muchos kilos y me hizo una estimación voluntaria divertida: "ahora debes de pesar unos 68 kilos... y debes haber perdido unos 20". Curioso, porque he perdido prácticamente 30 kilos pero peso 76. Así que para ese señor parezco más delgado de lo que estoy y estaba 20 kilos más delgado de lo que realmente estaba cuando empecé. También es posible que fuera un lunático, claro.