Hace tiempo que no escribo, lo cual es una señal. Puede ser una buena señal o puede ser una mala señal. En esta ocasión es una mala señal. No es que vuelva a ser una bola, pero he cogido bastantes kilos, todos, por supuesto justificados por mil y una situaciones y excepciones inexcusables: que si las niñas ocupan mucho tiempo y no puedo hacer deporte, que si tengo mucho estrés y necesito darme un gusto de vez en cuando para compensar, que si no es problema porque tengo ropa de todas las tallas, que si con las gafas nuevas disimula la cara de pan que se me está poniendo... ya sabéis, nada que no se haya inventado.

Como siempre, mi objetivo primero está en pesar menos de 71 kg, que es lo que la OMS marca como inicio de peso normal para alguien de mi tamaño y donde, realmente, me veo bien. Mi objetivo final está en pesar 64 kg, que es donde estaría virtuosamente situado en el epicentro del normopeso y donde me permitiría rendir adecuadamente en lo deportivo. Y me punto de flotación máximo está en 80 kg, pues el 8 es la cifra que no puedo volver a ver bajo ningún concepto.

Pues bien, ayer marcaba 79,2 kg en mi fabulosa y superprecisa báscula, lo cual hizo disparar las alarmas. El año pasado le di algo de caña al tema del running y la verdad es que me gustó mucho tanto el entrenamiento, como las carreras populares, como lo sencillo de la situación. Pero, es cierto, requiere una inversión de compromiso personal elevada, pues no dependes de nadie excepto de ti mismo y salir o no salir no implica a nadie (a no ser que corras en grupo).

Llevo un 2012 bastante cutre en cuanto a salir a correr y participar en carreras populares se refiere (sólo he participado en la Cursa de El Corte Inglés y en la Zombies vs Runners*), y he salido bien poquito a correr y siempre al trote cochinero.

Para recuperar la motivación rebusqué un poco alguna lectura liviana y que pudiera aportarme algún tip que me insuflara algo de ganas, y di con el libro que ilustra la entrada. Martín Giacchetta es el resposable último de que David Bustamante pasara de ser un tocinillo a un musculitos y, aunque no es mi objetivo, es un tipo que sabe transmitir entrenamientos y que sabe lo que es correr y correr popularmente. No quiero que me enseñen a ser un corredor profesional, porque tengo mejores cosas que hacer que deslomarme, pero si me gustaria poder integrar el running amateur en mi rutina diaria, porque realmente las sensaciones que se experimentan son muy placenteras y aporta mucho y muy bueno a nuestra actitud con el día a día.

El libro "Correr, tus pasos hacia el equilibrio", de Martín Giacchetta, está enfocado precisamente a lo que ando buscando. Es cierto que a veces pasa demasiado de puntillas por ciertos temas y que tiene capítulos totalmente prescindibles y supérfluos, pero te acerca al apasionamiento por la práctica amateur del running y consigue transmitirte que cualquiera es capaz de convertirse en un runner y los beneficios que eso le reportará. Además, añade buenos consejos y planes de entrenamiento sencillos y basados en el sentido común. Nada que uno no pueda encontrar navegando por internet un poco, pero reunido y homogeneizado en mismo volumen de forma que tiene un valor adicional.

Para repescar mi estado de forma y acercarlo a mi objetivo final, antes de que sea demasiado tarde he decidio intentar seguir el plan de entrenamiento para "bajar de 50 minutos en una carrera de 10km", algo que me encantaría y que ahora mismo me queda un poco lejos (mi mejor marca, por tres ocasiones, está en 57 minutos). Lo cierto es que es un plan muy sencillo, que no requiere más de que 1 horita cuatro veces a la semana y que haré lo posible por encontrarla, a pesar de los requerimientos del inminente verano.

Espero, por tanto, ir escribiendo en el blog el registro de cada semana, donde se refleje lo bien o mal que he seguido tanto el entreno propuesto como el plan de nutrición -que también se toca en el libro, aunque con demasiada ligereza. En esta ocasión, dejaré de lado chorreces como la dieta del sirope, las macroprotéicas, las disociadas y la del dieta de la mortadela de las islas Caimán, para seguir un plan de nutrición viable para mi modo de vida y basado en el sentido común para alguien que, además de perder peso, quiere un buen rendimiento deportivo: un buen desayuno, una comida digna y una cena sencilla, con algún apertivo a media mañana y a media tarde; priorizando las proteinas a la noche y los carbohidratos complejos a la mañana y suprimiendo fritangas, bollería y dulces varios.

A ver cómo me va, deseadme suerte.

*Esto lo explicaré otro día :)