Sí, los días que quedan a partir de hoy serán días de mierda. Por lo menos hasta nuevo cambio, pendiente de concretar.

Y eso es porque, cuando un día es una mierda, la perspectiva del resto de tu vida se contagia y uno no es consciente de que todo se acaba -hasta lo malo- y que nunca te bañarás en el mismo río.

Aunque este blog se llame el gordo cabrón y yo no pueda negar ninguna de las dos cosas, el adjetivo que realmente me define es "capullo". Cierto es que "capullo" no guarda relación aparente con el tema del peso, los kilos, la dieta y demás, pero también todos conocemos el efecto mariposa de la vida que hace que yo sea yo y mis circunstancias y que, por lo tanto, todo tenga cabida en éste y cualquier espacio de mi administración.

En resumen, que hoy ha sido un día de esos que no sabes si tú eres más capullo o el 80% del resto del mundo más hijodeputa. Lo que está claro es que, se incline la balanza del lado que se incline, nunca es una buena combinación.

Hoy, a mediodía, he tenido la feliz idea de aprovechar mi hora de comer para hacer recaditos. Recadito primero: comprar el disfraz de cavernícola de mi hija, para que pueda lucir espectacular en Carnaval. Así que, corto y perezoso como el que más, he caminado varias manzanas al más puro estilo Chiquito de la Calzada, obligado por la acusada cojera que se me ha intensificado gracias a la brillante y celebrada idea que tuve de ir a jugar a fútbol con el tobillo medio mal, para que así mañana, en la visita al traumatólogo que he conseguido después de meses de intentos infructuosos, no suceda el temido efecto "pues ahora no me duele".

Así que ahora sí me duele, y mucho. Pero aún así, he hecho de tripas corazón y de mi capa un sayo y he conseguido un flamante disfraz. Primer logro conseguido. Estoy "on fire". Con mi autoestima desbordante me voy a por el segundo objetivo de la tarde buscando conseguir un two in a row: comprar unas cápsulas Nespresso en el espectacular concesionario del Passeig de Gràcia barcelonés. Yo soy de los que toma el café miserable de las "cápsulas compatibles" por no molestarse en ir a la tienda y perder el tiempo, pero hoy he querido disfrutarlo. He cogido cápsulas por valor de 31 euros, con la nueva y especial serie limitada, con los clásicos, con las versión de caramelos y vainilla para golosos... vamos, que ya salivaba al sacar la tarjeta de crédito.

Ya con mis cápsulas, aprovecho para gorronear un café cortadito en la zona de degustación; me recreo y me congratulo sin reparos saboreando mi Bukeela Ka de Etiopía. Aprovecho para fardar un poco por Facebook y Line, recojo mis bolsas y vuelvo cojeando al trabajo, entreteniendo por el camino admirando los escaparates del Bulevard Rosa.

Lo primero que haré al llegar es guardarme un par de blísters en el cajón para tener también provisiones en horario laboral. Error. ¡Error! ¡¡¡ERRRRROOOOORR!!! Parece ser que no cogí las bolsas sino "la bolsa" del disfraz y me dejé la de las cápsulas al pie de la mesa de la zona de degustación de la tienda. Es un poco tarde y tengo el tobillo como si me hubiera picado una avispa, pero salgo pitando como buenamente puedo rumbo al palacio de George Clooney. Cuando finalmente llego -habrían pasado unos 25 minutos- sorteo a la amabilísima recepcionista que no comprende que no quiera un numerito de "su turno" y voy directo a donde dejé la bolsa. Escruto el suelo sin éxito. Pregunto a la camarera sin éxito: me dice que no ha visto ninguna bolsa, que la tendré yo. De la mejor manera que soy capaz, movido por el interés en recuperar lo perdido, le informo de que, aunque asumo ser un capullo de tomo y lomo, todavía soy capaz de distinguir entre lo que tengo y lo que no tengo; y la bolsa con las cápsulas NO LA TENGO.

Pregunto también a la encargada de la gran sala llena de cafeteras y más cápsulas y después de realizar sus pesquisas me confirma la lamentable noticia. Entre voces de fondo que susurran "...¡qué fuerte!..." abandono el local cabizbajo, sabedor de que, ante la más mínima posibilidad de robar algo sin ser pillado, el primero que pase acomete. Tengo claro que en el mundo queda gente decente, pero las leyes de la probabilidad me dicen que son los menos si, en 20 minutos de dejar una bolsa de Nespresso en la tienda Nespresso alguien que ya ha comprado y pagado las Nespresso que quería (pues a la zona de degustación se accede después de comprar) decide apropiarse de un bolsa llena que sabe que no es suya en lugar de dársela a la camarera o simplemente no tocarla porque no es suya. En ese lapso de tiempo no pudo haber una gran rotación de gente, gente pijeras casi todos, con su traje y su corbata ellos, su peinado de peluquería y su collar de perlas (conseguidas del sufrimiento y mutilación de una inocente ostra) ellas. Pues el primero o el segundo que lo tuvo a tiro lo trincó.

Así que, contradiciendo las bucólicas creencias de Trizzia, mis esperanzas en la raza humana vuelven a estar desinfladas, justo al contrario que mi maltrecho tobillo. Este mes tendré que seguir tomando el penoso café soluble del Día. Además, he salido una hora tarde del trabajo.

What else?