Los fines de semana son días raros, ajenos a la rutina de los días laborales y como tales tienen que seguir. Es difícil, por no decir imposible o mejor absurdo, pretender mantener la dieta a rajatabla el fin de semana. Porque no quiero que mis semanas sean un calco de la semana anterior y cada día un calco del día anterior. Los fines de semana son tiempo de pasarse de la raya, para bien y para mal. Por eso este fin de semana he hecho algunas fechorías propias de gargamel (aunque no he comido ningún pitufo, pero él tampoco lo consiguió nunca) y algunas bondades propias de gandhi (me falta un poco para llegar a su IMC).

Fechorías:
Beberme una caña de españa
Comer tres croquetas o cocretas.
Comer un poco de maiz entre la ensalada
Comerme una Hamburguesa del nuevo paki que hay debajo de mi casa (las quería probar)
Ponerle azúcar a los cafeses
Sudar olímpicamente de controlar las cantidades que como


Bondades:
La caña que me tomé supo a poco frente al bikini, frankfurt y (¡ATENCIÓN!) gofre con nata y chocolate que se comieron mis odiosos compañeros de mesa.
Comer rape (aunque rebozado)
Entrecot de ternera gallega impresionante
Chuletón de ternera gallega insuperable
Jugar a tenis, deslomarme durante una hora con mis colegas bugs (que esta vez no me dejó ganar ningún juego, e incluso en los dos últimos ni siquiera un punto) y mi colega Salva (que tuvo la bondad de dejarme ganar un minipartidillo, aunque él me ganara a mí dos).
Observar atónito como mi mujer, de quien espero amor y fidelidad, devora dos dunkin-donuts frente a mi ojos casi sin vida.