Esta mañana me he levantado de muy mala leche. Ayer estuve viendo Operación Dragon (mentira) y toda la noche he estado soñando que conquistaba el mundo con mis garras de kung-fu. Al despertarme y ver que me parecía más a Kung-Fu Panda que a Bruce Lee me ha entrado una ira indomable y mi endocrina matutina, al verme, no ha tenido más opción que mostrarse sumisa y acatar mis órdenes.

Sin titubear le he dicho: -Tani, me tienes hasta la coronilla con tanto 80 y pico... como no me muestres un 7 de primera cifra te quito las pilas y te pongo una piel de platano en su lugar.

Acto seguido me he subido a su chepa y en su LCD han empezado a sumar gramos con gramos y kilos con kilos. He notado cierta tendencia a intentar mostrar un ochenta y tantos, pero entonces he apretado las nalgas y ha claudicado: 79,6 kilos.

Bien. Así me gusta bonita. A la endocrinas hay que tratarlas con mano suave pero firme. La semana pasada tuvo un brote de indisciplina pero ya lo hemos corregido. 1,3 kilos menos en esta semana. Bien por mi semana carnitina. Al final sólo he ido dos veces al gimnasio, pero menos es anda.

Ahora no quiero bromas el próximo martes cuando me pese. Porque mi paciencia tiene un límite.