Todos (o muchos) tenemos claro que en lo que comemos hay proteínas, hidratos de carbono, vitaminas, grasas, fibra, calcio, minerales, calorías, etc. Muchos conceptos y poco claros. En función de la proporción de sus nutrientes obtenemos unos resultados palpables en nuestro cuerpo. Los alimentos que tienen más de una u otra cosa parece que nos engordan más, que nos sientan mejor, que nos dan más energía, etc. A ver si podemos arrojar algo de luz al asunto. Empezamos por las proteínas.

Las proteínas son macromoléculas (es decir cosas muy pequeñas formadas por muchas cosas aun más pequeñas) formadas por cadenas lineales de aminoácidos (las otras cosas aun más pequeñas). El concepto de cadenas lineales queda un poco colgado, pero tampoco parece demasiado relevante.

Las proteína se ocupan de muchas funciones de nuestro organismo. De hecho parece ser que son las "biomoléculas" más versátiles, realizando funciones de defensa, transportadora, reguladora, estructural, etc. A la práctica significa que se ocupan de mantener todo en sitio. Para que relacionemos conceptos, son proteínas palabras como enzima, hormona, hemoglobina, anticuerpo, colágeno...

¿Dónde encontramos proteínas?
Hablando siempre de lo que nos ocupa, la nutrición, encontramos proteínas en la carne y el pescado, los huevos, las legumbres, los lacteos... Parece ser que hay 20 tipos de aminoácidos y todos están presentes en las proteínas de origen animal, mientras que en las de origen vegetal no todos están presentes, aunque parece ser que puede ser compensado.

Hay estudios que determinan que las fuentes nutricionales que aportan los aminoácidos esenciales más valiosos son básicamente la carne, los huevos, la leche y la soja.

¿Qué pasa cuando faltan proteínas?
Pues como en todo lo que falta nada bueno. La falta de proteínas puede provocar retardo mental, incapacidad de los leucocitos de luchar contra las infecciones, etc.

¿Y si sobran?
Pues los excesos tampoco son normalmente buenos. El organismo no es capaz de almacenar proteínas así que las que sobran las convierte en azúcares o ácidos grasos. Hígado y riñones se encargan del proceso y en principio no tienen problemas para metabolizar los excesos. El exceso de proteína puede provocar pérdida de calcio y en consecuencia pérdida de masa ósea, lo que suena muy tentador. Parece que si comemos demasiadas proteínas lo podemos compensar comiendo también más calcio. Ojito eso con el ácido úrico, que suele dispararse.

Al final, como todo lo que te comas, nada adelgaza, sino que todo engorda, y las proteínas también. La parte positiva es que las proteína tienen la bonita costumbre de irse a crear masa muscular con lo que para los que intentamos adelgazar es una forma interesante de no quedarnos esmirriados. Comer alimentos ricos en proteínas no nos hará perder peso, al contrario. Pero por lo general no nos hará coger tanta grasa como otros alimentos.

En definitiva, lo que nos hará perder peso es comer poco. La proporción es importante, pero la cantidad lo es más. Si te hinchas a carne de pollo que es superprotéica te pondrás como un mulo. Es peor estár como una albóndiga, pero la mayoría de obesos no queremos cambiar grasa por músculo en ratio 1:1, sino quitar la grasa del medio y reducir volumen.