Ayer cumplí con el plan: gazpachos, zumos, té, algo de pavo y un par de polines de madrugada. Ni cacahuetes, ni fritanga, ni helados.

Repetí circuito corriendo (o casi podríamos decir 'caminando deprisa') y rebaje el tiempo a 8'36" lo que sigue siendo lamentable para una milla urbana (1,609 km) pero tiene doble mérito si consideramos que los diez minutos del domingo me dejaron una agujetas de maratón.

Esta mañana ya pesaba 77,9 kg. ¡Ay! que pereza lo que me queda por delante para volver al punto de partida... a veces parece que es mejor no disfrutar a cambio de no padecer.