lunes 30 de enero de 2012

Dieta Médica Scarsdale: a vueltas con ella

Como me está costando más de lo esperado cumplir con mis fantabulosos propósitos para 2012, me he planteado retomar la rentable Dieta Médica Scarsdale, de la que guardo un buen recuerdo en cuanto a funcionamiento.

Para el que no la conozca, incluyo un bonito PDF que puede descargarse e imprimir en versión a todo color o blanco y negro.


Dieta Médica Scarsdale - El Gordo Cabrón


sábado 31 de diciembre de 2011

Mis própositos para 2012



Como soy un tipo carente de personalidad, me gusta recrear las tradiciones absurdas del resto de mis congéneres, y especialmente aquellas que no tienen poca gracia o incluso ninguna.

Una de las que más mola es hacerse una lista con las cosas buenas que quieres hacer el año próximo y que servirán para ser mejor persona, y hacer que las flores florezcan antes y se marchiten después.

Y me gusta particularmente hacerlo coincidir con el año próximo, como si un año fuese una unidad de tiempo en la que las cosas tengan que entrar dentro sí o sí. A nadie le hace gracia empezar nada un 7 de diciembre, para eso, te esperas al año siguiente.

Aunque bien es cierto que, para estos menesteres, el año empieza mejor el 7 u 8 de enero, a fin de que podamos disfrutar como merecemos de los excesos navideños.

Para el 2012, mi decálogo y pico de objetivos vitales que contribuirán a hacer del mundo un lugar mejor, más seguro y en el que los niños podrán la cruzar la autopista sin siquiera mirar a izquierda y derecha son:

1. Bajar hasta 64 kg y mantenerme. Ahora ando diez por encima. Es difícil, lo sé. Por eso es un reto.

2. Dejar de comer (tanto) chocolate. Es una droga, y como tal, es un problema. Lo cambiaré por mandarinas y bananos.

3. Dejar de tomar (tanto) café. Igual que el chocolate. Lo cambiaré por poleos, tilas, y otras infusiones cursis.

4. Acabar una carrera de 10 km en menos de 50 minutos. Ahora ando en 57:32, así que es mucho bajar, pero tengo un año entero para intentarlo.

5. Salir a correr 50 km mensuales. Ahora hago una media de unos 30 km. 50 km no es tanto, son menos de 10 km a la semana (10 km = 1 hora aprox).

6. Comer decentemente. Intentar comer como una persona normal y prepararme las comidas con una mínima antelació para evitar comidas que sean, por ejemplo "una caja de neules y un café con leche".

7. No gritar. Uno, dos y tres; cuatro, cinco, seis; yo me calmaré; todos los veréis.

8. Ser más ordenado. Estoy empezando a pensar que si lanzo el jersey que me quito desde la puerta a la otra punta de la habitación no siempre va a caer plegado.

9. Acostarme y levantarme temprano. La vida es más bonita con el amanecer.

10. Hacer caso a mi mujer. Aunque desde que decidió que sería bueno para ella casarse conmigo siempre he dudado de su criterio, creo que en el resto de cosas tiene razón.

11. Desintonizar Telecinco de mi TV. Por si acaso.

12. Escapar con vida del Apocalipsis que vendrá, ahora sí, seguro. Y rescatar también a mi familia y amigos.


martes 29 de noviembre de 2011

10 Km más: 88ª Jean Bouin de Barcelona


Ayer corrí la Jean Bouin de Barcelona. Un clásico de carrera popular donde las haya. La más antigua de Europa creo. 10 km de sudoración descontrolada, calambres, flato y éxtasis semiorgásmico. Aficionarme a las carreras populares es una motivación extra para mantenerme en forma además de una forma barata de hacer ejercicio y conseguir camisetas chulas.

Para la Jean Bouin de este años había 12.000 plazas (de las que dos o tres mil finalmente se rajan) y yo quedé el 7.000 y pico, aunque la clasificación no es muy fiable porque tienen en cuenta el tiempo oficial y no el real (el oficial cuenta desde que dan la salida y el real desde que yo paso por la salida, y la diferencia es de 4 o cinco minutos, creo). y siempre hay gente que ha tardado más en hacer los 10 km pero que ha salido antes; supongo que a la inversa también habrá, pero esos no me interesan.

La foto que veis es de los últimos 200 metros, después de haber sudado la cansalada como decimos por aquí de lo lindo. Intenté ir más rápido que en la Mercè y finalmente lo conseguí por tan sólo diez segundos de margen, lo que aunque poco, significa mejorar.

Durante la carrera pasas por fases muy amenas:

1. Unos días antes estás eufórico, miras el recorrido por internet, te planificas cómo correr, cómo tomártelo, te haces cábalas para ser más veloz que Speedy Gonzales...

2. El mismo día de la carrera te cagas en San Patrás por levantarte a las 7 am un domingo sin necesidad pero te resignas, te enfundas la ropita y sales de casa pasando frío y rumbo a la salida.

3. Una hora antes de la carrera te emocionas vivo, calientas como un pro, fardas con los compañeros de tus planes y les cuentas a todos que estás fatal de forma para prevenir una posible debacle.

4. Empieza la carrera y sales entre la muchedumbre y por un momento tienes la sensación de estar en el primer día de rebajas del Corte Inglés, peleando entre marujas por unos sostenes de aro con relleno.

5. Pisas la alfombra, oyes el pitidito del chip y empiezas a coger ritmo. Las piernas se tensan de golpe, los tobillos rechinan ante la que se les viene encima y durante 500 metros se hace entre gracioso y desagradable el tema de correr.

6. Ya tienes el ritmo, siempre por encima de lo que esperas mantener y siempre por debajo de lo que crees que estas haciendo, pero al menos, durante uno o dos km vas tirando alegremente y feliz por las espectativas.

7. Los siguientes dos o tres km continúas a "tu ritmo" mientras ves como miles de flipados te adelantan haciendo slalom.

8. Un par de veces te agachas a atarte los cordones y luego te entretienes pensando cómo puedes ser tan estúpido para que no habértelos atado fuerte en la salida, y cómo puedes ser tan doblemente estúpido para volver a hacerlo mal.

9. Llega el ecuador y piensas que ya llevas la mitad y que no ha sido para tanto, pero a la vez piensas que vaya palo lo que te queda todavía, que el tobillo empieza a doler, que las rodillas crujen como ruffles, y que por la zona del diafragma notas una sensación rarita.

10. Y en el km siete empieza la subida, y empieza la muerte en vida. Aquí ya tiras más por dignidad que por capacidad. Te das cuentas de que, para lo que queda hay que acabar, y hay que hacerlo con decencia, pero ya la vista se baja al suelo irremediablemente, ya no oyes las canciones del mp3 y ya respiras por la boca como un pez fuera del agua.

11. Último kilómetro. Hay que hacer un esfuerzo extra y llegar como un figurín, dando zancadas por si alguien está mirando o haciendo fotos. El problema es que la subida se convierte en Puerto de Montaña y al final tienes la sensación de correr en contra dirección por las escaleras mecánicas del centro comercial. Lo único bueno es que a los demás también les pasa. En ese momento recuerdas que cada kilo que pesas de más tendrás que subirlo ahora y te acuerdas de todos aquellos "no pasa nada" cuando te ofrecían galletitas.

12. Últimos 100 metros. Consigues adelantar a la señora de 65 años y sonríes satisfecho por tu gesta, justo a tiempo de cruzar la meta, frenar en seco en contra de todo consejo, y de aguantarte un par de arcadas mientras te tiras en un rinconcito esperando que un angelito venga del cielo y se te lleve.